No
le digas a nadie que estás ayunando.
Si
alguien sabe lo que haces te prohibirán hacerlo, y por tanto no
podrás llegar a la perfección.
Aparte,
si ayunas y lo cuentas, la gente esperará que bajes de peso y si no
lo consigues te vas a sentir muy mal, en cambio, si nadie sabe lo
que haces cuando vean que has adelgazado te van a halagar y a
preguntarte tu secreto. ¡Ni se te ocurra decirlo!
Si
la gente lo sabe van a pensar que estás loca porque no van a
entender que pases días y días sin comer y no le temas a las
consecuencias.
¿te
vas a volver una fanática del ayuno! La gente va a tener miedo.
Miedo, miedo, miedo, ¡eso es lo ultimo que necesitas en tu camino
para ser perfecta! Además no le cuentes a nadie que estás
ayunando, así se convertirá en tu pequeño secreto. ¡Lo cual lo
va a hacer más interesante!
¿A
quién no le gusta tener algo que contar y tener que guardárselo?
Tu
ayuno es entre Ana y tú, nadie más tiene que saberlo.
Cuando
estés tentada a romperlo, acuérdate de cuanto Ana te quiere y como
quiere lo mejor para ti. Ella solo quiere que seas perfecta, le
debes a ella todo tu respeto.
Mira
tu cuerpo obeso en esa comida tan calórica que te mueres por comer.
Piensa en como se sacrifica Ana dedicándote cada minuto de su
tiempo. ¡No se merece que corrompas tu cuerpo y le faltes al
respeto!
-
Apaga
el televisor.
En
todos los anuncios aparece comida.
COMIDA=NO.
Así
que, apaga el televisor para evitar tentaciones. Además se supone
que no tienes nada más en que pensar.
Para
evitar fallar a Ana, ponte a leer un libro, empieza tu propio diario
anoréxico en Internet, sal a pasear ¡sin dinero encima! ¡Algo
que no tenga nada que ver con la comida!
Hazte
amiga de Ana.
Obviamente
es más fácil salir con tus amigas a charlar de tonterías, que con
Ana a planear cuál va a ser tu futuro.
Y
no queremos hacer siempre lo más fácil ¿verdad? Además esas
amigas siempre te dicen que estás muy delgada y casi te obligan a
comer esa bollería industrial que compra esa madre
gorda que tienen. Su madre te hace pensar en que jamas
quieres parecerte a ella...
Pero
la bollería sigue ahí expuesta ante tus ojos y tú hace días que
no comes nada.
Acuérdate
que estás débil y no puedes hacer ejercicio sin desmayarte a los
20 minutos; así que esas 200 calorías (como poco seguro que son
muchísimas más) son espantosas porque no las vas a quemar y ¡vas
a romper el ayuno!
Si
fuera tú me quedaría con Ana, solita en mi casa, donde no te
tiente el diablo. Ana es siempre la mejor
compañía.
Escucha
lo que Ana te dice.
Imagínate
todas las horas que gastas leyendo tu diario, viendo la televisión,
hablando por teléfono...
Ahora,
durante tu ayuno vas a tener que saturarte
de Ana. Todo va a tener que estar relacionado con ella.
¡Cuidado!
Quizás puedes desarrollar una mente abierta, una mente nueva y vas
a empezar a pensar diferente.
Ahora
estás llena de energía, no necesitas la comida. La palabra de Ana
te alimenta lo suficiente para sobrevivir. ¡Date
cuenta, podrías vivir sin comer y nada sería malo!
¡Serías pura y perfecta!
Medita.
La
mente humana es genial. Uno puede convencerse de cualquier cosa.
Como
aquella vez que te convencieron de que una medialuna tenía 20
calorías cuando en realidad tiene 160, uno
cree lo que quiere creer.
Así
que, medita y créete
que no necesitas otra cosa que a Ana en tu vida. Que puedes ser
independiente y no necesitas comida.
En cierto, créetelo. El hombre es un animal de costumbres.
Te
vas a sentir tan poderosa.
Medita
mientras otros comen, mientras corrompen su cuerpo, mientras
ensucian sus intestinos.
¿Cuánto
hace que no vas al baño? ¿Viste
que podías vivir sin baño?
Sal
a caminar sola.
Las
nubes, la brisa en la cara, las flores, los arboles, el sol, la luna
y las estrellas.
Estas
son las cosas que Ana te muestra para ayudarte a entender que la
vida es hermosa son comida, que el sol sigue ahí aunque no comas.
Para ayudarte a entender que las cosas imprescindibles se quedan y
lo innecesario se va (como la
grasa, la comida y todo lo demás que no necesitas).
Tomate
un recreo, fúmate un cigarrillo.
Fúmate
un cigarrillo, calma la ansiedad. Sin interrupciones. Ve a un lugar
donde nadie te moleste. El cigarrillo no es bueno, pero peor es una
hamburguesa.
Quédate
quieta.
Muchos
de tus sueños y palabras no tienen sentido, eso van a decirte y no
te va a gustar. Para evitar esto, mantente cerca de Ana, ella te va
a guiar en el camino.
No
te ensucies la boca con palabras insignificantes. No des
explicaciones de por qué estás ayunando. Nadie merece esas
explicaciones, tu forjas tu propio destino y nadie es quien para
juzgarte, pero además, sabes que no estás sola.
Así
que, quédate quieta, Ana y miles de otras chicas están ayunando al
mismo tiempo que tú.
Solamente
las más valientes, las que no tengan miedo, las que no sucumban
ante la tentación y aquellas que se queden quietas, tranquilas y no
se ensucien la mente con palabras insignificantes serán las
supervivientes.
No
sucumbas ante la tentación.
Esa
porción de tarta no va a hacerte más feliz, en cambio, ser
perfecta sí. Imagínate, son dos minutos comiendo tarta y la vida
pagando las consecuencias; o no comer nada y ser perfecta y
agradecerle a Ana toda la vida por haberte salvado de la tentación.
Durante
el ayuno vas a estar rodeada de comida: amigos, familiares, novio...
Todos van a querer alimentarte, te van a decir: “estás
muy delgada”.
¡Qué
equivocados están! No existe
“muy delgada” no existe. No se puede ser demasiado
rico ni demasiado delgado. Corre el riesgo, ¡ten hambre!, explora
el vacío de tu estomago, siente tus costillas... ¡Te
falta tampoco para ser delgada y perfecta!
Dormir.
Aprovecha,
ya que vas a estar cansada por no comer. Eso quiere decir que estás
llegando a la perfección; el cansancio es la respuesta a todo el
esfuerzo que estás haciendo.
Vas
a ser cada vez más hermosa, más parecida a Ana, la perfecta. Vas a
ser una diosa y todos vas a querer estar contigo y vas a estar tan
orgullosa de lo que eres que no vas a querer compartir con nadie
nuestro magnifico secreto.
El
secreto es que Ana te llevo a donde estás y no queremos compartir
con nadie. Porque nadie más la merece en su vida.
Lo
hiciste. Llegaste y ayunaste.